Las fantasías de un niño

La etapa más divertida de nuestra existencia es sin lugar a dudas nuestra niñez, en ese proceso de aprendizaje que nos toca vivir a todos se concentra la magia de la vida.

Todo niño explora y logra conquistar espacios hasta donde su cuerpo pueda llegar, aprende los hábitos sociales que existen en su entorno y se forma en sus creencias para consagrar su personalidad. Es entonces cuando lo mejor va sucediendo, mientras crece se vuelve parte de un mundo lleno de sueños y expectativas que en el futuro su visualización podrá consagrar gracias a su esfuerzo.

Grandes fantasías de un niño

Por fantasías podemos entender que es la idealización de concepciones que sucedieron o que van a ocurrieron con cierto grado de utopía. Nadie mejor que un niño para que a través de su creatividad pueda crear situaciones en su imaginación y transportarse a lugares recónditos, ser parte de una aventura sorprendente, ponerse en el papel de algún personaje admirable, en fin puede llegar a donde quiera simplemente con la fantasía de imaginar.

Recuerdo que en ese tiempo de mi vida yo era un niño con la inocencia marcada, pero con el atrevimiento de querer lograr hasta lo imposible. Con el juguete favorito para muchos niños, vivía divirtiéndome durante muchas horas diarias, su perfecto cuerpo redondo con el cual podía mostrar mis habilidades con maniobras propias de un adulto hacía que todo tenga sentido y sea lo único que necesitara en ese momento para reír y soñar. Esa felicidad era considerablemente contagiosa, soñaba que era un gran delantero que marcaba muchos goles o un portero que no permitía que le hicieran ningún gol, según sea el caso esas facetas las tomaba porque me gustaba jugar con el balón de fútbol y fantasear con el papel de un gran deportista.

La verdad es que de niño quise ser futbolista porque en mi inocencia notaba que era una vida que cualquiera quisiera, que te paguen por jugar era lo mejor que podía existir. También tenía otras ilusiones como la de ser profesor para poder enseñar a los demás (eso de enseñar aún vive en mí, y espero hacerlo algún día para contribuir en algo a las demás personas), mi papá quiso que sea militar o policía, supongo que el respeto que tenía hacia ellos hacía que él trate de orientarme hacia eso, pero que al final no fui.

Han pasado los años y las cosas han cambiado, no soy ni futbolista ni profesor, hago cosas distintas como la música y las comunicaciones. Esas fantasías de niño fueron topándose cada día con la realidad de la madurez. Lo importante que aprendí de esa etapa es a no perder ese don soñador nunca, porque el ser niño me enseño que el buen ánimo combinados con los sueños pueden darte una gran motivación para vivir.

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