Ser niño, libertad e inocencia de una persona

La infancia de cada niño fue vivida de distinta manera, sin embargo hay algo que todo niño ha disfrutado y es esa libertad por actuar libremente sin miedo a nada y por descubrir lo que existía en el mundo.

Esa inocencia fue la base para entender que todos hemos crecido aprendiendo y averiguando lo que significa la vida. El llegar a este mundo desconocido con muchas cosas y personas extrañas que nos rodean incrementan nuestra curiosidad. Al inicio la mejor forma de conseguir algo era a través del llanto, pero poco a poco se aprende otros mecanismos que nos permiten conseguir por cuenta propia lo que deseamos.

Crecemos y nuestra hiperactividad e impresionante, corremos, gritamos, jugamos, hablamos, etc. Todo eso nos permite liberar ese entusiasmo por vivir, algo que ya de adultos perdemos y nos reflejamos como seres con miedos y resistencias a actuar libremente.

Cada niño es un mundo

Una persona mientras aprende va siendo consciente de su formación y poco a poco se convierte en una personalidad aprendida y guiada por su entorno. Esa conducta que el niño aprende a un inicio no existe y por esa razón hace lo que mejor le convenga.

Volvamos a redescubrir ese mundo en el cual vivíamos y  disfrutemos plenamente cada momento como lo haría un niño. Si debemos reír sin razón hagámoslo, si debemos bailar o cantar simplemente porque se nos ocurrió hagámoslo sin miedo ni vergüenza, y así reencontraremos nuestro espíritu joven el cual nos llenará de satisfacción y felicidad.

Aprendamos de los niños a ser libres y curiosos, sólo de esa manera sin prejuicios podremos encontrar alegría en nuestro ser y poder actuar con mayor bondad sin los estereotipos marcados en la adultez. Sonreír e imaginar es importante para nuestra mente, de esa manera podemos estar complacidos con las bendiciones que Dios tiene preparado para cada uno.

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